Cuando nuestros esquemas mentales nos limitan la decisión.

por | 14 agosto 2009
Los seres humanos pasamos nuestra vida tomando decisiones aún sin darnos cuenta. De mayor o menor cuantía relativa, pero desde el momento que pensamos …me levanto de la cama o me quedo,…tomo café o té,…etc…decidimos una y otra vez hasta caer rendidos en la inconciencia del reparador sueño. Pueden parecer tontas o de máxima gravitación, no obstante, cuando las decisiones se vinculan con la vida de los otros siempre revisten relevancia. Nuestra decisión puede alterar el destino de los otros, a tal punto que su puede volver a ser igual???. De allí la vital y trascendente tarea del líder, gerente, jefe, o como se titule el responsable de la conducción empresaria. Tal es así, que se podría decir que la tarea principal a llevar a cabo por él es, simple y sencillamente, decidir. Ese es su rol y para eso debe prepararse y actuar en consecuencia. Aún así, dado que por definición somos seres limitados, a la hora de tomar decisiones en nuestras empresas, sufrimos bloqueos cognitivos (o trampas mentales) y prejuicios que reducen la efectividad de las mismas ya que estas pueden verse alteradas y/o distorsionadas. Todos trabajamos sobre modelos mentales (cada ser humano difiere en la valoración y evaluación del significado personal de lo que está sucediendo de la realidad y en el manejo de la misma) que alojan bloqueos psicológicos, absolutismos y prejuicios. Desde raciales, hasta religiosos, sociales o de cualquier orden, estos se han originado en nuestra niñez, experiencias ulteriores, mandatos familiares o del grupo de referencia, o razonamientos no muy fundados, pensamiento absolutistas. Lo grave es que éstos no son tan claros de detectarse. Actúan alterando nuestras decisiones y, con suerte es allí donde se pueden observar, no obstante, muchas veces se alcanza tal conocimiento luego del daño provocado o la ineficiencia ya siendo un hecho. En definitiva, reducen el libre pensamiento estableciendo; prima facie; “muros” conceptuales y emocionales cuasi imposibles de franquear. Circunscribiéndonos al campo de la toma de decisiones empresarias veamos algunos que debemos controlar y superar. Rechazo al cambio. “Siempre lo hicimos así y anduvimos bien. ¿Por qué cambiar? ¿Sólo hay que esperar?. El cambio implica un alto costo a nivel psicológico dado que el hombre se enfrenta a lo desconocido y esto le genera temores e incertidumbre, por ende, siempre tiende a mantenerse dentro del plano de lo conocido. El problema se presenta cuando el contexto se ve modificado y el cambio pasa a ser una necesidad ineludible si se pretende la supervivencia. Basarse sobre decisiones ocasionales anteriores. En cierta medida se desprende de la anterior. Decisión fundada en los resultados logrados por una decisión anterior sobre una situación ocasional. El éxito pasado no implica igual resultado en el futuro y si además, la decisión fue en una situación ocasional, la posibilidad de fracaso se ve incrementada. Rapidez igual a mayor inteligencia. Hay personas que suponen que la velocidad en la toma de decisiones es muestra de mayor inteligencia y “olfato empresario”. Generalmente estas decisiones surgen de prejuicios (actuaciones defensivas y no de razonamientos) y luego, ante el avance de los eventos, obliga al decisor a justificar buscando datos y situaciones que respalden su accionar. Visión subjetiva o de tunel. Las experiencias vividas y la formación recibida nos llevan a ver al mundo de una determinada manera y generan un “tamiz” por el cual filtramos toda la información recibida y moldeamos nuestra percepción de la realidad. Analizamos la realidad en función de nuestro “formato” (o particular cosmovisión). Incoherencia en la conducta. Modelo de trabajo de algunos dirigentes donde toman decisiones diferentes (e incluso opuestas) ante situaciones similares como consecuencia de cambios de humor, divertimento, suposiciones inconsistentes, etc. Esta “ciclotimia” genera desconcierto y frustración en los colaboradores, ergo, disminución del apoyo y lesiona la motivación. Extrapolar el pasado hacia el futuro. Tiene mucha similitud a “Basarse sobre decisiones ocasionales anteriores” y como tal, es el creer que lo vivido en el pasado será lo por vivir en el futuro. Aún sabiendo que lo único constante es el cambio; aún disponiendo de información “on line” donde se constata que la velocidad del cambio es inusitada y que uno de los mayores inconvenientes es lograr igual dinámica. Aún así hay empresarios que se aferran a modelos exitosos…de su pasado y en él se quedan hasta que la realidad los olvida. Pasión por lo nuevo. El enamoramiento por la novedad le quita valor a todo lo anterior y eso desbalancea el análisis de la realidad ya que se pierde la correlación histórica entre las causas de la situación en cuestión. El primer pensamiento En un mundo donde lo inmediato es lento, se cae en la tentación de analizar mucha información en un primer momento y sin más, se procede a tomar la decisión. Esto impide contemplar la situación en su todo, no tiene en cuenta información adicional valiosa que puede modificar significativamente la primera lectura de la realidad y limita procesos mentales de importancia que solo pueden ser alcanzados dejando que las ideas “maduren” y que los datos ocupen el lugar e importancia que le corresponde. Excesiva justificación. La molestia que genera el no saber las causas de determinadas situaciones, o bien, el no querer ver su responsabilidad en las mismas, genera explicaciones y justificaciones no siempre acertadas de hechos no relacionados. Muchos ejecutivos ven que es parte de su responsabilidad la explicación de “todos” los acontecimientos y esto agrava aún más el cuadro. Falta de un enfoque sistémico. Pensar que los resultados se deben sólo al estímulo de un factor o causa es desconocer la conformación de los eventos en la naturaleza. Esto impide evaluar y por ende intervenir correctamente provocando una cadena de hechos y errores imposibles de determinar. Desde luego que hay muchos otros modelos que vivimos, sufrimos y hacemos sufrir los que nos vemos en situación de tener que tomar decisiones. Resulta imposible que una persona este libre de estos esquemas. Somos seres humanos y nuestra singularidad y naturaleza nos lleva a ello. Sólo podemos estar atentos y procurar visualizarlos lo antes posible. También es útil la utilización de asesores, un grupo de trabajo, el uso de una metodología que contemple estos desvíos e incluso un buen trabajo de terapia. Cualquier cosa que se haga al respecto es bueno si se considera el daño que puede provocarse a la empresa y a las personas que directa e indirectamente viven de ella. No tema, esto nos pasa a todos; no obstante, no todos tratan de corregirlo. Allí esta su oportunidad. (*) Agradezco muy especialmente a la Lic. en Psicología Florencia Potente la cual ha facilitado la redacción de este artículo. Autor: Dr. Daniel H. Casais. Fuente: Infocomercial.
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