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El espíritu emprendedor

El fenómeno Bonsái en la educación y cómo ha perjudicado el espíritu emprendedor de nuestros hijos Por Bettina Langerfeldt Todos conocemos la historia: Aparece un don nadie, se ve enfrentado a una situación imposible, decide luchar contra viento y marea para defender la causa, casi es derrotado por las circunstancias adversas, y, al final, vence milagrosamente todos los obstáculos y se transforma en un héroe. Fin de la historia. Es el tema central de la gran mayoría de las películas taquilleras de hoy en día. El mensaje es tan atractivo para el público, porque es el deseo ardiente de cada ser humano para su propia vida. Queremos ser extraordinarios en un mundo común y corriente. Sin embargo, pocos lo alcanzan. ¿Por qué? El aplacamiento de nuestro espíritu emprendedor es una de las causas principales. El ser humano es emprendedor por esencia. Basta con mirar alrededor de nosotros para observar cómo el hombre ha cambiado la faz de la tierra. Entre muchas cosas asombrosas, hemos construido enormes edificios y hemos mandado al hombre a la luna. También ha habido enormes avances en el mundo microscópico, aquella esfera que está más allá de nuestros sentidos. Todo gracias a esa incansable curiosidad que es propia del ser humano. Algunos le llaman creatividad, otros prefieren el término "explorador" o "innovador". Sea cual sea el nombre que le queramos poner, es la fuerza interna más asombrosa que el ser humano posee, ya que le permite crear o descubrir constantemente algo nuevo. Las motivaciones pueden ser diversas, pero la gran mayoría de las veces los nuevos descubrimientos suplen las diversas necesidades de la humanidad. El espíritu emprendedor es intrínseco al ser humano El espíritu emprendedor es tan intrínseco al ser humano que habría que encadenarlo para coartarlo. Es cosa de observar el comportamiento de un bebé. En cuanto posee las facultades para desplazarse en forma independiente, ya sea gateando o caminando, comienza la importante misión de explorar sus alrededores. Más tarde viene la fastidiosa "edad del por qué", en la cual quieren saberlo todo. Durante toda su niñez, los niños demuestran una extraordinaria naturaleza inquisitiva que jamás deberían perder. Sin embargo, demasiados de ellos no la desarrollan a su máximo potencial. A medida que avanzan en su paso por la educación tradicional, su espíritu emprendedor se apacigua hasta incluso apagarse durante la adolescencia, etapa en la cual cada joven debería estar rebosando con ideas y planes para su futuro. Después de años de fomentar un espíritu emprendedor en nuestros hijos y de paralelamente observar éste fenómeno limitante en muchos jóvenes, no puedo evitar de pensar en un Bonsái. Según Wikipedia, el Bonsái consiste en el arte de cultivar árboles y plantas, reduciendo su tamaño mediante técnicas, como la poda, el alambrado, el pinzado, etc., y modelando su forma para crear un estilo que nos recuerde una escena de la naturaleza. Básicamente consiste en complicadas técnicas de mutilación tanto de raíces como de las ramas de un arbolito nuevo con el objetivo de producir un hermoso árbol de miniatura con fines decorativos. En el caso de los arbolitos, el resultado es hermoso. Permite tener un viejo roble como centro de mesa, en su casa. Sin embargo, en nuestros hijos el fenómeno Bonsái es nefasto. Debido a la metodología que se emplea en la gran mayoría de los establecimientos de educación tradicional, el espíritu emprendedor innato de los niños es lentamente aplacado hasta el punto de desaparecer totalmente en algunos de ellos. Los tres ingredientes claves de una educación emprendedora El problema radica en la metodología. Todo método de educación que tiene como objetivo fomentar un espíritu emprendedor en los niños, tiene que operar con estos tres ingredientes claves como base: * Debe respetar la individualidad de cada niño * Debe fomentar el amor al aprendizaje * Buenos mentores que enseñan en forma personalizada En las aulas de las escuelas estos tres ingredientes brillan por su ausencia Es difícil que un profesor, por muy bueno que sea, pueda respetar la individualidad de cada niño en forma significativa si está a cargo de un curso de 30 alumnos o más. Lo mismo vale para la enseñanza personalizada. En un contexto de sala de clases, es mucho más fácil para el profesor tratar a sus alumnos como un todo que debe adquirir ciertas habilidades y conocimientos dictados por el ministerio de educación. El amor al aprendizaje corre una suerte parecida. Para que un niño disfrute de la enseñanza, debe ser inspirado y no presionado. La metodología de la educación formal raras veces inspira a sus alumnos. Más bien ejerce presión para obligarlos a aprender. El profesor dicta la materia y los alumnos aprenden a seguir sus instrucciones. Según Oliver Van de Mille, autor de "A Thomas Jefferson Education", el resultado de años y años bajo éste sistema denominado como "frontal", son las siguientes actitudes en los alumnos: * Si hago lo mínimo requerido, voy a estar bien. * Aprender significa hacer lo que la figura de autoridad exige * El aprendizaje es aburrido y poco atractivo * La entretención es cuando no tienes que aprender * Para ser un buen estudiante tengo que estudiar los intereses de otra persona * Si no estoy obligado a aprender, prefiero entretenerme * Mis intereses no son importantes, los tengo que perseguir en mi tiempo libre. (Van de Mille, Oliver: "A Thomas Jefferson Education". George Wyeth College Press, EEUU, 2006. p. 42-43) Por algo Albert Einstein dijo:"Jamás permito que mi educación interfiera con mi aprendizaje." Los padres pueden contrapesar estos efectos negativos de la educación tradicional sobre la actitud de sus hijos La responsabilidad de forjar el espíritu emprendedor en sus hijos cae sobre los padres Ellos pueden complementar la educación académica de sus hijos con los elementos necesarios para desarrollar sus habilidades emprendedoras. Algunas cosas que los padres pueden hacer para fomentar una mentalidad emprendedora en sus hijos: * Respete la individualidad de sus hijos * Inspírelos a amar el aprendizaje * Preocúpese de que tengan mentores reales en sus vidas * Permítales que tengan su propio tiempo para disponer de él. * Entrégueles dinero y enséñeles a manejarlo sabiamente * Permítales cometer errores. * Crea un contexto real en el cual puedan explotar sus talentos * Déles responsabilidades * Cuénteles sus problemas y admita sus errores * Ayúdeles a acercarse a Dios * Crea una conciencia de responsabilidad civil * Juegue con ellos juegos financieros didácticos como Cashflow o Monoply. * Lean biografías de grandes emprendedores juntos para inspirarlos * Enséñeles a ser generosos * Ayúdeles a descubrir y a fomentar sus fortalezas, no sus debilidades ¿Ha perdido su espíritu emprendedor? ¡Reavívelo hoy! Incluso una persona adulta que ha perdido su espíritu emprendedor, puede volver a "prender el fuego" en su interior. Si usted alberga un sueño en su corazón--un negocio, una obra social o una misión que usted desea completar en su vida--lo animo a reavivar las brasas para que su espíritu emprendedor recobre las fuerzas que jamás debió haber perdido. * Lea libros que fomenten una mentalidad emprendedora * Estudie biografías de grandes emprendedores * Adquiera una visión para su vida * Haga un plan de mediano y de corto plazo para alcanzar su visón. * Busque un buen mentor que le podrá ayudar en el camino * También es importante rodearse de personas que tengan una mentalidad emprendedora. * Comience hoy mismo y recobre su espíritu emprendedor Fuente: El Espíritu Emprendedor. Educacionparaelexito.com